Las vacaciones

Pues este año se nos adelantó la Semana Santa. Como ustedes recordarán, los últimos años había “caído” en el mes de abril, pero en éste, nos tocó en marzo y, de pilón, este lunes 17 también es de asueto, gracias a la nueva disposición oficial de alargar algunos fines de semana. Este corresponde al descanso del 21 de marzo, fecha en que se conmemora al natalicio de don Benito Juárez. En fin, por una o por otras razones, prácticamente toda la semana va a ser de descanso.

Esta es una muy buena oportunidad para convivir con la familia. Muchas personas aprovechan estos dias para visitar a algún familiar que se encuentra en algún lugar alejado; otros también para realizar algunos paseos cortos a diferentes sitios cercanos a sus hogares y otros más, a tomarse algunos dias de vacaciones en algún lugar de playa ¡qué rico!

Pero no debemos olvidar que estos días recordamos, principalmente, a Aquél que dió la vida por todos nosotros, para que tuviéramos posibilidad de gozar de la Vida Eterna. Definitivamente yo no soy la persona adecuada para comentar algo al respecto, debido a la profundidad que representa, pero entre las colaboraciones que al paso de los años hemos publicado en nuestra gaceta, guardo con especial gratitud ésta que me voy a permitir reproducir para todos ustedes, amables lectores, y que en su momento nos fue enviada por alguien a quien mucha gente recuerda con cariño, el padre Carlos Vargas, quien fungiera como párroco de la Iglesia de San Judas Tadeo durante muchos años y que nos distinguió con su amistad, el escrito se llama:



Una Semana Santa más en tu vida

Seguramente todos conocemos la voluntad, el deseo, los designios, el plan de nuestro buen Padre Dios que siempre quiere y hace el bien y, por tanto, no quiere la perdición, la condenación, sino la salvación de todos los hombres y que todos seamos sus hijos y tengamos su propia vida eterna, su gloria, su paz, su felicidad y por eso envió a su amado hijo Jesucristo, que se hizo hombre y nació de la Virgen María, vivió y convivió con nosotros, padeció y murió y resucitó para salvarnos.

Cristo Jesús murió en la cruz como un criminal, un delincuente, un malvado, como el más pecador, no porque hubiera hecho el mal, sino porque cargó con todos los pecados de todos para que fuéramos perdonados; el hijo inocente de Dios murió como pecador para que los hombres pecadores fuéramos hijos de Dios.

Pero antes de su muerte entró triunfante a Jerusalén como Rey de paz, de amor, de esperanza y la víspera de su muerte, el Jueves Santo, les lavó los pies a sus apóstoles y se nos dió Él mismo como alimento en la comunión y se quedó con nosotros para acompañarnos en esta vida, para que lo sigamos y vivamos como hijos de Dios y como hermanos y practiquemos la paz y hagamos el bien.

Mas la vida de Jesús no termina con la muerte, es decir el fin de la Cuaresma y de la Semana Santa no es la muerte de Cristo sino de Jesús, nuestro hermano, es triunfador, es campeón, es vencedor del pecado, del mal, del odio, de las tinieblas, de la muerte y resucita al tercer día.

La resurrección es la gran fiesta del cristianismo, nuestra fiesta, porque vana sería nuestra fe si Cristo no hubiera resucitado. No creemos y confiamos en un muerto, sino en el resucitado, por eso nuestra religión es la religión de la espeanza, de la luz, de la vida, de la gloria, de la resurrección.

¡Aleluya! ¡Alegría! Jesús nuestro hermano, el Hijo de Dios ha resucitado para que también nosotros habiendo muerto con Cristo al mal, al pecado, resucitemos con Cristo.

Ojalá que esta lectura nos sirva a todos de reflexión para estos días de descanso. Hasta la próxima.

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