Una fecha más, pero en esta ocasión si me manifiesto en total apoyo a que se celebre. Y no es por el complejo de “mamitis”, como podría suponerse en primera instancia ¡no!
Esto es porque si nos ponemos a reflexionar un poco en la historia de la humanidad, nos vamos a encontrar con numerosos casos de mujeres que han sido vejadas, humilladas, discriminadas, ignoradas por el hombre; porque han sido víctimas de la falta de visión de aquellos a quienes les han sido encomendadas la elaboración de las leyes, que debieran ser lo más justas posible para todo el género humano y que, desgraciadamente, no es siempre así.
Muchas, muchísimas mujeres han podido superar todas esas acciones y actitudes que tienen en contra, dándonos verdadero ejemplo de valor, de arrojo, de trabajo, de lucha incansable por alcanzar las metas que ellas desean para los suyos, no únicamente para ellas mismas. A cuántas mujeres conocemos en la vida diaria, las cuales, aún estando solas en la vida, por cualquier circunstancia, hacen hasta lo imposible para proporcionar alimentación, vestido y educación, entre otras cosas, a sus hijos…
A ellas les tocó el privilegio de dar vida y lo han aceptado con todo valor, pues saben que esa es, precisamente, la tarea más sublime de su existencia.
A este respecto quisiera compartir con ustedes, amables visitantes de este blog, un poco de la experiencia que viví cuando tuve la fortuna de presenciar el nacimiento de mi hija, la menor de los tres que tengo.
Al entrar al quirófano cuando la labor de parto estaba avanzada y ver a mi esposa realizando el máximo esfuerzo para conseguir que la criatura naciera, en ese momento comprendí todo lo que significa ser madre. Yo hubiera querido ayudarla a pujar para que el trance fuera más rápido, pero eso era imposible. Tuve que soportar largos minutos más hasta que por fin apareció la pequeña que tanto anhelábamos.
Puede parecer que esto que menciono sea lo más común y frecuente que una mujer puede vivir, si no fuera así no seríamos tantos millones de habitantes en el mundo, pero si nos detenemos a pensar un instante en lo que significa para cada una de ellas, creo, definitivamente, que sería más que suficiente para aplaudir a quien propuso que este día se celebrara.
Además no olvidemos que muchas mujeres han dedicado su vida al estudio, para lograr encontrar la curación de numerosas enfermedades; otras han logrado implementar las bases para el avance tecnológico y muchas más son mujeres obreras que luchan por sus derechos. Pero en todas ellas recae la formación de los hijos. Ojalá que consigan erradicar el tan nefasto machismo entre los hijos varones. No basta con decirles a las niñas hasta el cansancio que tienen los mismos derechos que los hombres, es necesario que en los hogares se demuestre que así es.
Deseo a todas las mujeres que sigan así, como siempre lo han sido, ejemplo vivo de quien no se conforma con vivir la vida que le tocó, sino que sigan luchando hasta contagiar a más hombres de ese espíritu de superación.
MUCHAS FELICIDADES.
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